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Ficciones domésticas.

Alexander Calandra, Ph.D., professor emeritus of physical science in the Department of Physics in Arts & Sciences at Washington University, died Wednesday, March 8, 2006. He was 95.
Calandra, who joined Washington University in 1947 and retired in 1979, (...)
He is internationally known for his essay, “The Barometer Story,” which has been reprinted in more than 200 magazines and books.

Y ahora la anécdota (falsa, evidentemente) que inventó para sus alumnos, en una de las versiones que circulan por el internete.

Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:
"Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que este afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Leí la pregunta del examen: 'Demuestre cómo es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro'.
"El estudiante había respondido: 'lleve el barómetro a la azotea del edificio y átele una cuerda muy larga. Descuélguelo hasta la base del edificio, marque y mida. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio'.
"Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios, obtener una nota mas alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel. Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta, pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.
"Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara. En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: coja el barómetro y láncelo al suelo desde la azotea del edificio. Calcule el tiempo de caída con un cronómetro. Después, aplique la formula altura = 0,5 A por T2. Y así obtenemos la altura del edificio. En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta.
"Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta. Bueno, respondió, hay muchas maneras; por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.
"Perfecto, le dije, ¿y de otra manera? Sí, contestó, éste es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero también sirve. En este método, coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el numero de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el numero de marcas que has hecho y ya tienes la altura.
"Es un método muy directo. Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento mas sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la gravedad es cero, y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio. En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de precisión. En fin, concluyó, existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea coger el barómetro, golpear con él la puerta de la casa del conserje y, cuando abra, decirle: 'Señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo'.
En ese momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares). Dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar".
El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica.

Pues eso. 

Sobre enseñar, por Fernando Castro.

ya Cage preguntaba por qué tiende la cultura hacia el aburrimiento. ¿Qué hace que consideremos que algo sumamente aburrido es interesante? Hacer reir no solo es innecesario sino, estructuralmente, malo. Solo un bufón puede tener esas intenciones. La frivolidad acompaña a los que se entregan al humor. Lo importante es estar rígido como una tabla, poner cara de amargura, engolar la voz y evitar cualquier desliz. Lo cotidiano, lo banal, lo que pasa debe ser filtrado por el criterio del rigor o, para ser más preciso, del rigor mortis. Y, sin embargo, sin empatía o cuando falta la simpatía no se consigue nada. Ellos sabrán porque ejecutan esas patéticas exhibiciones de academicismo hueco. Mi reino, lo digo en plan delirante, no es de este mundo. En cualquier caso, esto es algo que pasa "all around the world". En cierta medida, parece que el pasaporte cultural obliga a ciertas poses y pajas mentales, a protocolos pesadísimos y a besamanos interminables. Lo malo es que eso es lo que enseñamos (me incluyo en cierta medida) a nuestros alumnos y es lo que ve la gente joven como modelo instalado y hegemónico. Luego nos sorprenderá que los recien llegados nos superen en burocracia. Serán un poco cretinos pero no ignoran las reglas que les están permitiendo trepar. Llegarán con nuestras leyes y las impondrán con mayor frialdad y dogmatismo. Nos está bien empleado: ahora comenzamos a vislumbrar un horizonte patético, un mundo atonal. Descorazonador.

Felicidad. (la negrita, mía)


IN CONGRESS, JULY 4, 1776
The unanimous Declaration of the thirteen united States of America

 When in the Course of human events it becomes necessary for one people to dissolve the political bands which have connected them with another and to assume among the powers of the earth, the separate and equal station to which the Laws of Nature and of Nature's God entitle them, a decent respect to the opinions of mankind requires that they should declare the causes which impel them to the separation.

 We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty and the pursuit of Happiness.
(...)

Propuesta de don Julio Smith


El Estado predicador.
Juan José Solozábal, en El Imparcial, 03-07-2008

 A veces de verdad lamentamos que las cosas no sean como solían. Así me ocurre que no acabo de acostumbrarme a un Estado que define, pontifica, y opina, pero que no actúa, o lo que es peor aún que no sabe que debe actuar, que en puridad no debe hacer otra cosa que actuar. En la teoría clásica constitucional el Estado era definido como unidad de acción y decisión y el Gobierno era designado inequívocamente como ejecutivo, esto es como un poder que lleva a término decisiones, que concluye lo que las leyes establecen.
Nada que ver con un Estado en el que sus ramas, así el Gobierno, se pasa el tiempo proponiéndonos conductas, que tienen que ver con referencias morales o ideológicas, que creía yo, correspondía realizar a otras instancias. Si cundiese el ejemplo hasta podríamos llegar, en tal Estado declarativo, a un Tribunal Constitucional limitado a señalar lo que no es conforme con la Norma Fundamental, pero remiso a decretar la anulación de la ley correspondiente.
Lo que hay detrás de este intervencionismo ideológico, llamemos a las cosas por su nombre, es la idea de que la felicidad es asunto público o que depende en gran manera de la intervención del Estado. La finalidad del Estado no es asegurar las mejores condiciones, sobre todo materiales, en que autónomamente pueda desenvolverse la sociedad, sino orientar a la sociedad en la identificación y observancia de la conducta adecuada de sus miembros.

Este planteamiento da origen a situaciones ciertamente pintorescas en las que un o una ministra pueden enredarse tratando de proponer un código de costumbres a la comunidad, o potenciar un determinado modo de entender nuestra idiosincrasia cultural o establecer nuestra verdadera tradición histórica, seleccionando cuidadosamente del pasado patrio actitudes ejemplares o censurables.

Pero ideológicamente el problema es más grave, pues se quiebra la cesura entre el plano político y el social sin la que un orden liberal es difícil que exista, de modo que en tal sistema se admiten sólo contadas intervenciones, sobre todo con un significado protector, del Estado sobre la sociedad. Hoy en cambio se tiende a sustituir este modelo por un patrón en el que el Estado ve con toda naturalidad una intervención total y con propósito conformador de la sociedad. Ha ocurrido, como sugeríamos, sencillamente, que la felicidad, siguiendo el consejo de la ideología enferma del nacionalismo, ha de dejado de ser asunto privado, y que la actuación del Estado ha renunciado al objetivo del reequilibrio de oportunidades en los sectores más débiles de la sociedad, según quería la mejor socialdemocracia, y busca la legitimación política a través de propuestas ideológicas y morales.
El nuevo Estado ya no tiene que ver con las cosas, con el bajo mundo de la gestión y la ejecución, sino con el noble plano de los valores y las ideas. Un mundo, como de seminario universitario y púlpito, digámoslo cervantinamente, de encantamiento y ensueño.

Palabras que se me cayeron, mientras realizaba un curso de los de para ser buen profesor.

MEDIOCRIDAD IMPUESTA.
 
Bauman; modernidad líquida, enseñanza desestructurada, curator; mediocridad y estandarización, normalizar, frenar la diversidad; homogeneizar, rellenar los formularios, cumplimentar; diseccionar el genio, generalizar, desmitificar, despersonalizar, individualizar, objetivizar; cosificar.

MENTIRA. NO ME LO CREO.

Cavafis. Ítaca. (La negrita es mía).


 

 Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

Para Economía Pública Multijurisdiccional.

También conocida como Federalismo Fiscal. En este caso, la clave entiendo que debe ser el de votar con los pies, pero no me acuerdo, no estoy seguro ...

Ñam, ñam.

Empezamos ya. No da tiempo de despedirse de los viejos alumnos.  Joder, ¡qué buenos son! Cómo me gustaba encontrarme con ellos ...
Tristeza, miedo, esperanza. Melancolía, siempre melancolía. Ilusión. Magia. Vamos al tajo, Maite.

Este curso, la clave es Galbraith.

Poema LXV de Lao Tse, traducido por Ignacio Prado Pastor.

LXV La pura virtud


Quien practicaba el Tao entre los antiguos
no se preocupaba de ilustrar al pueblo,
sino de que permaneciera humilde e inocente.

La dificultad de gobernar un pueblo
surge de los conocimientos que éste tenga.
Aquel que trata de gobernar un reino con su sabiduría es un azote para él.
Aquel que lo gobierna sin esa sabiduría
es su bienhechor.
Aquel que sabe estas dos cosas
encuentra en ellas su modelo y su norma.
La habilidad de conocer este modelo y norma constituye lo que se llama la virtud secreta.
Esta virtud es tan profunda e inasible, porque está opuesta a lo manifestado inevitablemente se realiza. 

Preguntas sin respuesta. Respuestas peligrosas.

No estoy seguro del asunto, pero creo que se puede esbozar la pregunta. ¿Está sirviendo la crisis de excusa para deteriorar la calidad democrática de las instituciones? La denuncia de este hecho, ¿se realiza desde un anhelo democrático o como inicio de una puerta que nos conduce al fascismo? Los funcionarios europeos, bajo el lema del despotismo ilustrado, ¿quieren beneficiarnos o simplemente apropiarse del presupuesto público y la capacidad de actuación privada mediante la reglamentación? ¿solo hay una política posible? ¿hasta cuando seguiremos sin usar la soberanía que se plasma en la moneda? ¿cuantos millones de parados hacen falta para imprimir euros? ¿por qué pagamos la deuda pública al 7 por ciento? ¿por qué permitimos que las agencias de calificación actuen con impunidad? ¿existe la due diligence del inversor?

Mientras tanto, cada vez hay más simpatía por estas respuestas, que pueden conducirnos a algún sitio donde no queramos estar.